Mis dedos
buscan en mi sexo
el punto exacto
que te devuelva
a mi.
Donde algo
me recuerde
como era el aire
después del amor.
Sin tu mano
en mi pubis
me pierdo
como una paria.
Déjame.
Soy la mendiga
en la boca
de tu piel.
(imagen recogida en Google)
Quizás se trate solo de eso. Seguir las huellas que me indiquen hacia donde caminar ahora que parece que todo queda en suspenso. Aquí intento guarecerme. Es mi propio rincón,donde recibo a quienes quieran descansar un rato. Bienvenidos a todos.
Mis dedos
buscan en mi sexo
el punto exacto
que te devuelva
a mi.
Donde algo
me recuerde
como era el aire
después del amor.
Sin tu mano
en mi pubis
me pierdo
como una paria.
Déjame.
Soy la mendiga
en la boca
de tu piel.
(imagen recogida en Google)
Sos el hombre.
El que se viste de piel desnuda,
el que me arrebata el aliento
cuando sueño besarte.
Sos el sagrado conjuro
del que me alimento.
El alma rota que me arregla.
La mirada de fuego hecha agua.
Vos sos el temblor de mis pechos.
El calor de mi sexo.
La santidad de mi corazón,
mi inocencia pecadora
cuando me tocás en silencio
como si estuvieras aquí.
Justo aquí entre mis piernas
nadándome la piel,
con la boca humedecida de suspiros
sobre la mía.
Sagrado amante
en los tiempos imposibles
donde somos paralelas
ávidas y descontroladas
sin poder encontrarse.
Comunión
en los lechos
que deseamos habitar.
Escondites
que nos salvan
de morir sin habernos mirado.
Igual con los años,
pasa lo mismo
que con los cuerpos.
La costumbre,
el hastío
o el cansancio
nos llevan por el camino
donde se perderán
las huellas
que una vez
nos condujeron
a la gloria del encuentro.
(Imagen de Google)
Era yo.
La desnuda.
Con el fulgor
y el hambre
temblándome
en los huesos.
Yo,
imperfecto oráculo,
oblicua mirada,
el brillo animal
de la fiera
que agazapada
lame su herida.
Yo, como azúcar rojo
llevando en la boca
el espacio
de palabras imposibles.
(Con la estremecedora belleza de estar desnuda en la poesía.)
( Fotografía de Francesca Woodman)