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domingo, 6 de septiembre de 2026

Cosas que no quiero olvidar (Reto)

Nuevamente retomo la normalidad del Blog después de los festejos :)

Aquí va mi participación en el reto de Ginebra Blonde.

Espero que lo disfruten y se animen a participar en su Blog con estos desafíos mensuales!




Nací con miedo a vivir.
Por eso me faltaba el aire y me ahogaba.
El esfuerzo por parirme y el mío por nacer, nos dejó exhaustas.
El cordón se cortó limpiamente. Me separaron del cálido vientre para recostarme en el mecánico calor de una incubadora.
-"Mamá, mírame con tus dulces ojos grises".-
(donde despunta el amor y el miedo)


Llueve en el jardín de mi infancia. La niña de grandes ojos mira por la ventana.
Toda mi inocencia se va deslizando por el cristal, junto a las gotas.
Los duendes y las hadas de mi mundo me llevan por los cuentos hermosos de mi fantasía.
La niña silenciosa en su refugio.
En el espacio infinito entre la ventana y sus pupilas.
(donde nadie puede entrar)


El camino a la escuela es un paisaje distinto cada vez.
La niña de uniforme se viste de princesa, y los edificios son colinas abiertas a su paso.
Los príncipes enamorados se esconden tras los cristales de la mañana fría.
Las puertas del castillo encantando donde ella reina, se abren a su llegada y el clarín de bienvenida que suena de pronto, se convierte en la sirena estridente que llama a clase...
Dejo a mi princesa guardada entre las páginas de un libro y entro a clase.
(voy de la mano cálida de mi imaginación)


Las manos de mi padre huelen a maní.
Las trae escondidas en el abrigo de paño oscuro y cuando lo veo llegar del trabajo, me cuelgo de su brazo, esperando que saque sus manos calentitas y me deje olerlas para adivinar si ha vuelto despacio, comiendo con parsimonia los maníes y me ha guardado alguno.
A veces me mira y me acaricia la cara sin decir nada.
Otras, su mirada severa me traspasa.
(la niña se queda quieta para hacerse invisible)


Mis hermanos y yo vamos a la escuela cruzando la vía.
Llueve, llueve y llueve... ese olor permanece aún en mi memoria.
La mañana se inunda entre truenos y relámpagos, y la niña lleva de la mano a sus hermanos pequeños caminando ligero.
Bajo las capuchas, las caritas húmedas viven la aventura de intentar cruzar las calles.
Al llegar a una esquina, el agua lo cubre todo. Hasta el borde de las aceras.
Entonces, uno a uno, los cruzo trepados a mi espalda, aferrados con las piernas a mi cintura.
"Si me da fiebre, mamá, se quedará conmigo".
(el agua fría penetra súbitamente en los zapatos)


Él se acerca suavemente y la besa con cuidado.
La vela parpadea silenciosa y el pequeño desván se convierte en un milagro... jugamos a ser grandes.
El rito se inicia cada vez que las miradas se encienden curiosas y a salvo de testigos, entonces suben inquietos a la bohardilla oculta en el armario de la casa.
Y nos tocamos las manos y no se atreven a mirarse, y nos besamos, y no saben cómo.
Nuestras bocas urgentes se tantean y el placer líquido de sentir las lenguas resbalando entre los labios nos enreda en el primer pulso sexual tan conocido... tan extraño.
(ellos bajan en silencio. Sin mirarse.)


Cuando llega diciembre, el verano remueve perezoso mi ansiedad.
Mis pezones oscurecidos empiezan a humedecerse y mi abdomen se redondea armonioso y exuberante.
Tus amorosas manos me sostienen en este viaje a la vida. Nuestro abrazo, es un delicado paréntesis, abarcando este corazón que late entre los dos.
Siente su cuerpo abrirse un amanecer, que por fin pone límite a la espera.
Y el dolor, la alegría, y el grito mezclándose con un pequeño llanto, cierran el círculo.
(la tarde infinita, derrama luz por los rincones.)


Ahora, en el ocaso de mi vida los recuerdos acuden a mí como un mapa de rutas vitales.
Lo vivido, lo anhelado, lo sufrido.
Cada etapa con su vivencia, como un espacio infinito donde se cruzaron las luces y las sombras.
Soy una cada vez, soy todas en la línea vital. Veo las lunas y soles de mi sendero.
(sin embargo, cuando se mira en el espejo, sus ojos sostienen todo el asombro de la vida)




jueves, 3 de septiembre de 2026

Hoy tengo un ratito..

Hoy me tomo un ratito para colgar los regalos virtuales recibidos, que siempre siempre, me llenan el corazón...
Gracias a tod@s los que hicieron tiempo para prepararlo!


Gracias mi preciosa Alma querida , porque cuando abrí la puerta y te vi, paradita delante de mi, con tu sonrisa abierta y los brazos acogiéndome, volví a sentirme ligera y leve como sabés que puedo estar con vos!
Gracias por esta sorpresa, por las circunstancias que se dieron y que como un huracán, pasaste por encima de todas ellas y apareciste.


Muchísimas gracias Campirela porque siempre estás presente con tu magia,tus relatos y tu encanto!






Mi dulce Auroratris, siempre tan tierna y a la vez llena de fuerza y talento! Gracias!






Gracias infinitas,  Dulce Caballero ,por ser tan elegante,atento y afectuoso! Un placer leerte.






Mi preciosa Ginebra , con tu magia, tu talento y esa fuerza imparable que te hace diferente y mágica! Gracias!




miércoles, 2 de septiembre de 2026

Volveré en unos días!

Queridísimos y queridísimas...
El Domingo volveré a las letras,para lucir mis regalos de cumple.
Estos días estoy disfrutando de mi regalo personal más sorpresivo...
La visita de mi otra mitad, mi Alma Baires, que encendió mi corazón en esta época tan diferente de mi vida.
Me voy a permitir vivir profundamente esta visita,dejando unos días de lado el Blog...

Desde ya les agradezco a todas las personas que se tomaron un tiempo para felicitarme ayer...

GRACIAS INFINITAS POR TODO EL CARIÑO LLEGA A MI CORAZÓN COMO UNA LLUVIA DE AMOR.




jueves, 23 de julio de 2026

Rojo absoluto

Hoy vuelvo a traer este relato corto, en una de las propuestas de Ginebra.
Mientras voy cerrando otros poemas, no dejo abandonado mi rincón.
Espero que lo disfruten tanto como yo cuando lo fui escribiendo.



Se miró al espejo recordando la noche anterior. El profundo abrazo que grabó a fuego, el tacto y el olor de las pieles, la intensidad de los labios, la humedad de sus lenguas. El hacer el amor desesperadamente.
Y más tarde la última copa.
Hoy todo era distinto. Ella también.
El vaporoso traje de novia la hacía parecer un hada etérea. Nívea su piel, casi transparente
contrastando con el rojo absoluto de sus labios.
Recogió su ramo y antes de salir , delicadamente guardó un pequeño objeto -algo prestado- dentro de su corpiño.
Había llegado el momento. De pie frente a las puertas de la iglesia, esperaba que la música le indicara que podía entrar. Veía la extensa alfombra roja y al fondo, apenas dibujada la figura del hombre con el que se iba a casar y que la miraba intensamente.
El corazón se le partía en dos, galopando dentro de su pecho, queriendo estallar.
Sonó la música con fuerza y de pronto, al dar el primer paso para entrar a la iglesia, todo encajó.
Y cuando el tacón pisó la mullida alfombra lo supo.
La boca a la que tanto deseaba no estaba allí, la piel que anhelaba tocar no era esa, la lengua que conocía cada pliegue de su sexo no pertenecía a ese hombre.
Se giró inesperadamente dándole la espalda a ese futuro y como una novia equivocada lanzó hacia adentro su precioso ramo, buscó en su corpiño el objeto escondido, ese lápiz de labios que tanto adoraban usar las dos.
Recordó esa preciosa y húmeda boca pintada de rojo, la boca de su amor.
Había elegido.
Se retocó los labios y corrió liberada por fin a buscarla.






lunes, 13 de julio de 2026

Selene

Selene florecida
enciende el más allá.
Ay! Si pudiera
morder la lluvia
de tan sedienta.
Roja la niña
que mira con ojos
de adulta.
Qué parte
de tu carne
fue mecida
por los remolinos del deseo?
Venas anudadas
a un río inexistente
que arrastra
las cosas que no son verdad.






Imagen de Christian Schloe

jueves, 2 de julio de 2026

Fluir

En esta ocasión Ginebra Blonde nos propone para el reto de Junio, un ejercicio que hable de "Fluir".
Gracias Gine por tu estímulo y por tu brillo!

En este fluir, nace este poema:  


Mis manos se abren
y se llenan de aire.
Mis ojos
sueñan el espacio
que deja
tu espalda en la cama.

Y la felicidad
acaricia
en silencio
toda la piel desnuda
cuajada de luz.





Imagen sugerida:



domingo, 21 de junio de 2026

El éxtasis de Verónica

Ordenando relatos,apareció este, al que quiero tanto!
Espero que lo disfruten o lo recuerden.



                                                            I

Acaba de amanecer, y los primeros rayos de luz se cuelan a través de los vitrales de la capilla silenciosa.
Arrodillada en uno de los bancos, con la frente apoyada en sus manos entrelazadas , una delgada figura reza.
La hermana Verónica acude todos los días a la capilla del convento y su juventud destaca como una luz brillante en ese frío espacio consagrado a la oración. Se arrodilla sumisa en un banco y oculta el rostro entre sus manos, entregándose a sus rezos repitiendo los salmos aprendidos que resuenan fervorosos como letanías.
Pero a pesar de su concentración no puede evitar que sus ojos se claven una y otra vez, día tras día, en el ángel que asoma entre los santos de una de las sagradas imágenes que adornan la iglesia. Una rubia figura cubierta tan solo por un paño blanco entre sus delgadas piernas y cuyos brazos se unen amorosamente en el centro de su pecho pálido, casi transparente, con los dedos de las manos entrelazados. En su rostro enigmático los ojos se abren reverentes y la sonrisa es un gesto casi imperceptible.
Pero son esos inocentes ojos color turquesa los que arrebatan el corazón de la hermana Verónica, envolviéndola en un calor absolutamente humano, mientras que en las frías paredes , pareciera extenderse un halo de luz que une la mirada del ángel con el azorado corazón de Verónica, que siente como su alma se regocija con una sensación cercana al éxtasis. Y se confiesa confusa sin poder darle nombre a su pecado, estrujando con angustia un papel que guarda dentro del bolsillo de su hábito…una imagen del ángel adorado que arrancó secretamente de una de las enciclopedias de la biblioteca y a la que noche tras noche aprieta contra su corazón.
Sabe que lo que siente es algo cercano a lo prohibido, al deseo de tocarlo, de acercarlo a su pecho y sentir esa piel. Por eso se cuela por los pasillos que conducen a la iglesia cada vez que encuentra un motivo para ir a rezar.
Corre agitada por las galerías, y se inclina reverencialmente ante el altar. Y como siempre, una y otra vez, se promete no volver a elevar sus ojos ni su corazón ante la inocente imagen que con una sonrisa la invita a romper constantemente su promesa, cuando esa mirada fija se clava en sus pupilas y en su alma desolada, sintiendo como su pecho se llena de calor, sus mejillas arreboladas arden de gozo y de vergüenza y sus uñas se clavan en la palma de sus manos haciéndola sentir un doloroso placer.
-“Perdona nuestros pecados, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores-“
“ Líbrame señor de todo mal, de toda tentación, por mi culpa, por mi culpa,”
 –“Ave María Purísima…” (No me mires, no quiero mirarte… Mírame por favor)
En la soledad de su cama, el temblor de su carne al mirar la figura que guarda entre sus vestiduras, la mantiene insomne hasta que por fin cae en el sopor de un sueño inquieto y febril, mientras comienza a iluminarse el cuarto al llegar el día.

                                                                  II

Todas las mañanas sale del convento con paso ligero, con el pan y las galletas que las monjas preparan para repartir entre los más necesitados que acuden a la asociación vecinal.
Camina presurosa sin mirar a nadie, concentrada en su reflexión, pero no puede evitar encontrarse con el mundo real, con lo que sucede tras los muros del convento, la gente, la calle, los negocios que reclaman con brillantes escaparates para que uno se detenga a mirar. Sobre todo el que ella mira fugazmente de reojo, y que promete una especie de eternidad, un “para siempre” que queda rondando como un eco en su cabeza.
Día tras día el corazón de Verónica late más de prisa cuando pasa por la puerta y es entonces cuando la idea comienza a crecer como una ligera pompa de jabón, casi como una voz celestial que responde a sus ruegos. Ha visto la puerta por donde puede entrar sin exponerse demasiado, y comprueba también que el interior no se ve desde la calle, protegido por unas persianas decorativas. Sólo unos dibujos adornan la puerta de entrada cruzados por un cartel que invita a atreverse.
Y hoy por fin va a entrar. La respuesta a su oración febril ha llegado, y en su mente los azules ojos angélicos brillan animándola a cumplir esa especie de pacto divino. Sabe que romperá un voto sagrado , pero en su éxtasis no puede sustraerse al deseo. Finalmente avanza con seguridad y abre la puerta.
Una vez dentro del local, despliega alisando nerviosamente con los dedos, la imagen arrugada que la acompaña siempre, la pone delante de los ojos del hombre que la mira con incredulidad y saca de su bolsillo un puñado de billetes que coloca sobre la mesa. Él entonces la acompaña por el pasillo hasta un pequeño cuarto iluminado por una lámpara dirigida hacia una camilla y le pide que se acueste mientras prepara lo necesario.
Verónica se sienta en el borde y abre con lentitud y cierto temor los botones de sus enaguas, enseñando la carne inmaculada de su pecho, como el corazón coronado de espinas del Señor, como una ofrenda sagrada.
Cuando el hombre vuelve a entrar, ella está ya preparada, con los ojos clavados en el techo, entregada al vértigo anticipado. Siente los dedos del hombre hurgar su piel, y entonces cierra los ojos cuando la aguja toca su pecho y el zumbido rompe el silencio de la habitación.
 –“Bendita tú eres entre todas las mujeres…”
–“Creo en la resurrección de la carne, la vida perdurable…”
 –“Perdona Señor mis pecados…no soy digna de recibirte”
 (Mírame por favor, no dejes de mirarme).
Y cuando todo acaba, se levanta despacio, acercándose al espejo. La imagen que ve es la de una virgen iluminada. Su secreto le hiere la piel y su pecho vibra por fin.
Abotonando rápidamente su túnica, sale del recinto, con el ángel tatuado para siempre en el pliegue interno de su pecho izquierdo.




(Imagen recogida en Google)

sábado, 13 de junio de 2026

Amapola



Parte de tu cuerpo
tocó brevemente
las amapolas,
el desvelo apresurado
de las gotas
que caían dulcemente
sobre el pasado.


Cada silencio
encendió
la esperanza.
En la cordura
quedó intacta
la palabra,
y no existe
ni siquiera el temblor
que apague
la Fe.


Miro las flores,
porque entre ortigas
de cemento,
mis ojos buscan
un sol pequeño
para refugiarse.









Imagen recogida en Google; Gustav Klimt