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martes, 23 de junio de 2020

Esta luz


A veces en los patios
se vislumbra
la antigua curvatura
del recuerdo.
Ese que tantas veces
nos miró desde la esquina
con los ojos que guardaban
todo el cielo
amontonado en las pestañas.




(imagen de Google)

viernes, 12 de junio de 2020

MISTICA I



Escuchan las gotas
su negro sonido
golpear sobre los tejados,
donde los necios
se agolpan
para encontrar un sentido
que arroje cenizas
al mundo oculto
que se les niega.

 Arden de ira
los techos empapados.
Las palabras no se escuchan
porque las voces , oh las voces
acarrean siglos
de dolor.
Porque hay una sola voz
entre miles.

Agrias gotas
se estrellan sobre
los tejados cenicientos.
El dolor es un arma
que dispara cadáveres,
que entierra amores y desamparos,
que llora furioso
en la alcoba de los humildes.

Oh diosa desterrada,
visión absoluta de la certeza
en este presente que furibundo
se debate
arrastrando tras de sí
los huesos que hablan en los sueños.
Purgatorios que arrastramos
como un lastre inevitable.


 No hay condena.
Solo esto.

(29/5)



martes, 2 de junio de 2020

La mirada de la belleza

Nuevamente y con el mismo placer de siempre participo en el reto mensual de Gine  , esta vez de la mano de las diferentes manifestaciones artísticas. La propuesta es crear un relato,texto o poema que englobe diferentes artes... Mi aporte es el siguiente. 
Gracias Ginebra Blonde por la magia!



Sentada frente a la ventana, mirando hacia la nada, me estrujo el cerebro pensando en qué escribir para enfrentarme nuevamente al reto que propone Ginebra. Sus famosas iniciativas son muy estimulantes, pero a veces… me lanzan al vacío y por qué no decirlo, al ataque de nervios.

Esta vez es más complicado porque las consignas a tener en cuenta son muchas y variadas.

¿Quién me manda a meterme en estos berenjenales?

¿Por qué todas mis Musas han huido despavoridas dejando una estela de polvo cósmico a su paso?

¿Por dónde empezar?

Mordisqueo el bolígrafo (porque nunca puedo escribir directamente en el ordenador) y el cuaderno en blanco me lanza señales inequívocas e impacientes, sus renglones deseosos de ser entintados… ¿Qué puedo escribir?

Leo y releo los ítems a tener en cuenta pero nada, nada de nada. Cero. Vacío. Mente en blanco.

—“Bueno, aquí lo dejo, no doy más. Me voy, no puedo escribir nada, soy un desastre total. Renuncio, paso de todo. No se me ocurre nada, no tengo nada que decir. Punto”.

(Espérate, mmm ¿qué es esa pequeñísima luz abriéndose paso en tus cansadas neuronas? ¡Deja que se manifieste! Relájate que esto es un juego, no te tortures más)

Vuelvo a coger el libro que estaba leyendo anoche y me recreo en la literatura de Saramago, su Evangelio según Jesucristo me hace vibrar de emoción, mi piel se eriza, mi imaginación vuela y…

¡Eso!

De repente con toda la inspiración a trompicones, recuerdo muchas de las cosas más bellas que vi en mi vida ¡y que se ajustan totalmente al reto! ¿Cómo no me di cuenta antes? Claro, como siempre estoy pensando en vez de dejarme sentir y que sean las emociones las que me vayan guiando.

Pongo música para dejarme llevar, suena entonces Bach y su Cello suite nº 1 que empieza a envolverme con su intensidad y comienzo a dejarme llevar por la dulzura del sonido.

Cierro los ojos y ante mi aparece majestuosa la visión del cuadro “El nacimiento de Venus” con el esplendor del color, de las figuras, de la maravilla que expone la pintura. Y ahí en ese momento acuden a mi mente todas y cada una de las imágenes que llegan de pronto de mi viaje a “Un rincón de la Toscana” como aquella preciosa película.

¡Qué bendecida me sentí de poder maravillarme ante tantísima cultura y belleza! ¡Lo tenía todo condensado ahí! ¡Florencia!

La Galería degli Uffizi que no solo encierra la arquitectura eterna del Renacimiento, sino que cobija maravillas del arte!

Cerrando una vez más los ojos volví a cada rincón de ese esplendor a mis pies.

De pronto apareció ante mí la emoción que sentí cuando pude entrar a ver al David de Miguel Angel, como cayeron mis lágrimas ante la magnitud de la figura.

Estaba tan feliz ¡que hubiera podido ponerme a bailar allí mismo! Y recordando ese momento vino a mi mente la música del Lago de los cisnes, con su magia y su vuelo.

Aquí tengo todo lo que necesito para poder sentarme a escribir, delante de mis narices.

¡Empecemos! ¡Aquí voy!


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