Quizás se trate solo de eso.
Seguir las huellas que me indiquen hacia donde caminar ahora que parece que todo queda en suspenso.
Aquí intento guarecerme.
Es mi propio rincón,donde recibo a quienes quieran descansar un rato.
Bienvenidos a todos.
El tren traquetea con metálica costumbre arrastrándose sobre los raíles y
Marta cierra los ojos para no repetir cada día, cada árbol. Su mente se desliza
por caminos que la conducen al paraíso.
Sólo seis estaciones para revivir el encuentro prohibido.
Esos brazos que la rescatan del olvido, un cuerpo haciéndola vibrar al que
besa con delirio.
-"Quiero más"-piensa, sintiéndose súbitamente viva, como si los dedos
de su amante vagaran todavía por su piel. Un oasis generoso en su desértica
rutina.
-"Que no se me note"- ruega rítmicamente, acompañando el vaivén del
tren.
Sombra.
Es ella la maldita luz equivocada.
Maldita yo,
encaramada en el rencor.
Maldita
la bendición que no llega.
Obscena y maldita
la lágrima vertida.
Alguien acecha en las sombras. Vigilo expectante cada día. Cada noche.
El cielo me devuelve silencios rotos por el aullido de hienas hambrientas.
Esta cueva helada me mantiene despierto, con la frente apoyada en el filo
rocoso y frío...esto me calma a pesar del miedo...con escalofriante claridad ,
aquí estoy.
Expuesto asustado y entregado. No sé a qué.
Ella duerme por fin al abrazo del fuego en un rincón oscuro de la cueva.
La miro despacio, deteniéndome en sus ojos húmedos aún de llanto. Tiene tanto miedo
como yo. Solo quiero protegerla y salvarla.
La amo tanto.
Me acerco en silencio y la beso suavemente sintiendo que el color negro de sus
ojos estará atrapado en mi corazón para siempre.
La cubro con mi manta y salgo fuera. La noche profunda me hiela la sangre,
entonces, me siento en la loma mirando al horizonte emborronado de penumbras y
respiro, vigilante...
Súbitamente llega el peligro por detrás.
Apenas logro oír un seco crujir de piedras y al instante, la descarga feroz de
un enorme palo de madera se estrella con tanta fuerza en mi cabeza, que el
dolor es una presión inmensa estallando en la nuca y congelando para siempre el
grito clavado en mi garganta.
Sin un porqué...sin saber...sin entender qué ha pasado...sin
explicaciones...Toda mi fuerza truncada para siempre.
Y caigo desmadejándome. Sabiendo que me muero.
Sin darme apenas cuenta.
Porqué me mataron.
Porqué nadie me explicó.
Porqué...porqué.?
Omar, el pasado en Africa
6
El sonido de mi grito prolongado y agónico me despierta con la fuerza de una
bofetada y el dolor de cabeza es tan intenso que siento que me voy a morir.
Estoy fría, agarrotada de miedo. Espantada y conciente. Cada célula de mi
cuerpo aúlla de dolor.
Me agarro la cabeza y me acurruco como un animal herido, tapándome y abrazándome.
Tiemblo y lloro...es como un gemido desconocido, demasiado fuerte para mi
vapuleado ánimo.
He sentido como es la muerte, la delgada línea que separa un instante del otro,
la luz y la sombra. Pero el terror de no saber que es, me paraliza.
Con los ojos clavados en la ventana, buscando inútilmente algo que me serene,
contemplo la lluvia deslizarse mansamente por los cristales que como mis
lágrimas no cesan de caer.
He revivido la muerte, y tan solo el hecho de recordarlo me sume en el llanto
estremecido.
Mi mente no puede encajar todo esto. Mi corazón está desbordado.
Necesito ayuda. Sola es imposible.
Estoy tan perdida que busco desesperada algo concreto y querido al que
aferrarme como si un talismán pudiera obrar el milagro. Para darme cuenta de
que estoy aquí, que soy yo...
Enciendo un cigarrillo, y esa primera inhalación me arde en la garganta rasposa
y dolorida del llanto y la angustia.
Recuesto la cabeza contra la almohada y cierro los ojos, fumando y
tranquilizando mi corazón.
Y así de pronto en el acto tan sencillo como el de recostarme y fumar , es
cuando empieza a esbozarse una posibilidad tan clara que no entiendo como no la
ví antes.
Mi amigo Francisco, mi fiel amigo,un buen terapeuta.
Habíamos hablado varias veces de sus terapias, de la forma en que las personas
contactaban con sus miedos y sus fobias a través de técnicas de regresión.
Francisco, había dejado caer sencillamente su información , sin forzar jamás, y
a mí en un principio me parecían poco fiables y creíbles, sin embargo, movida por
su estimulante visión, leyendo y hablando de ellas, me sentía mas abierta a
posibilidades menos científicas.
Y ahora con el miedo más profundo clavado en mi cuerpo necesito consuelo y
ayuda.
No puedo más.
Dispuesta por fin a intentar otro camino, mi mente se abre a otra salida.
Apago el cigarrillo, y ya mas tranquila busco el teléfono para concertar una
cita.
Marina, el presente...
7
Extrañamente, la noche anterior a mi encuentro con Francisco ,no soñé nada.
Era como si ese descanso actuara como preludio de lo que me va a tocar vivir.
Una sensación inconsistente, mezcla de las emociones que me han sacudido estos
días me acompaña. He tocado el timbre, armándome de valor, apoyando mi frente
en el frío metal del portero eléctrico.
Estoy nerviosa ,es la primera vez que hago algo así. Francisco merece toda mi
confianza, ha tratado a mucha gente ayudándola a pasar diferentes procesos a
través de la regresión.
Como una especie de oración tranquilizadora me repito mentalmente que no corro
peligro, que no dejaré de estar conciente, que solo es una aproximación con el
solo interés de ver que hay. Y yo...yo quiero saber.
Francisco me recibe con su cálida y envolvente mirada, me abraza invitándome a
sentarnos.
Lentamente desgrano esta especie de locura onírica los sentimientos tan reales
que vivo como propios a pesar de pertenecer a otro, cómo empezó a esbozarse
esta historia paralela a mi, y como yo, siento tan profundamente que me
pertenece...que es un pedazo de mí misma. Que estoy abierta a todo, a lo que
sea que tenga que conocer, desde la lógica más aplastante a lo más
transpersonal que surja, ya no hay límites.
Yo misma me he visto morir, he sentido esa muerte como propia, he padecido la
agonía de Omar. Ya no hay vuelta atrás.
- Acuéstate...cierra los ojos...respira profundamente...déjate llevar...no
temas...todo está bien...relájate...siente...déjalo que llegue...yo estoy
aquí.-
La voz de Francisco comienza a diluirse, se va perdiendo como una dulce canción
de cuna.Sin embargo comprendo todo lo que me dice, sé donde estoy.
Una luz amarillenta me recibe, sé que voy al encuentro de Omar, reconozco el
paisaje desértico que aparece en mis sueños.
Tierra. Calor. Polvo y rocas.
Mi pensamiento atraviesa distancias locamente.
Quiero encontrarlo.
Marina, en el presente
8
Veo el cuerpo malherido de Omar bajo el sol implacable del desierto.
Mira al cielo con los ojos perdidos y agónicos.
Su cabeza herida se apoya en la tierra, humedecida con la sangre que comienza a
secarse.
La palidez de su hermoso rostro contrasta con su barba y sus ojos renegridos.
El pecho ronco esforzándose en respirar, sube y baja con un movimiento rápido y
superficial. Es lo único que se mueve.
El tiempo se ha detenido en el silencio total.
Con la ligereza de la irrealidad, del sueño inducido de mi corazón rebosante de
emoción, traspasada de amor, entro en el espacio que lo rodea...estoy disuelta
en el aire.
Frágil como la brisa ,lo sobrevuelo hasta colocarme por encima de su cuerpo y
encuentro sus ojos.
Su mirada perdida se funde con la mía, en un amor infinito, por un solo
instante, me confundo en sus ojos oscuros que se deshacen en los míos, claros
como la miel.
Omar...Omar...vengo a encontrarte, o a buscarme. Y es desde aquí, desde mi
certeza, desde la claridad repentina que se abre paso dulcemente en mi alma,
que te tiendo las manos, y te aferras a ellas....en un contacto casi
transparente. Es ahora cuando comprendo al fin que ese rostro fue el mío alguna
vez.
Las lágrimas anegan mis ojos, cuando siento el hilo sutil que nos conecta el
alma. La mía que es la tuya. La tuya que es la mía.
Y cuando me pregunto donde estás...yo sé, que en donde sea, en el cielo, en el
silencio del aire, en el sueño, en donde estés....estás.
El alma, inmortal, eterna, inconmensurable.
Siento tu susurro que me pide ayuda, aprisionando mis manos, negándote a
soltarlas, negándote a morir y a descansar.
-¿Qué necesitas?- Te susurro.
-Te he buscado a través de los tiempos, la distancia y los amores. Nuestras
vidas tocándose como por un milagro.-
Tu voz llega a mi mente con claridad, es algo extraño, porque te oigo con mi
corazón...no con mis oídos, a pesar de que apenas un hilo de vida te mantiene.
-Busca a Miriam...búscala, y a través de ti, llévale todo lo que no pude darle.
Y la verás...seguro que la verás...tu corazón la reconocerá cuando mires sus
ojos, la mirada que tanto amé volverá a ti, a reencontrarse, a cerrar el
círculo eterno de los regresos. A que mi alma que es la tuya pueda concluir
esta vida sin rendijas abiertas y tú puedas volar al fin con la tuya...sólo
eso. Ayúdame a irme ya.-
El llanto me quiebra la garganta, las lágrimas forman ríos salados que inundan
mi cara ,el corazón me estalla de emociones.
Un halo de amor nos rodea y los ojos nos hunden en una sola alma.
La nuestra, que es la misma.
Asiento lentamente a su pedido desgarrado. En un instante que es toda una
eternidad, nuestras manos comparten la despedida.
Y con un sollozo desde lo más profundo de mi corazón desbocado te dejo ir...me
deja ir.
Su pecho exhala suavemente el descanso tan esperado y sus ojos, se desprenden
de los míos.
El círculo de la vida se ha cumplido.
Muy sutilmente a medida que se diluye la imagen de Omar, me siento envuelta en
la misma luz amarillenta , a la vez que oigo, como desde muy lejos la voz de
Francisco ayudándome a volver a este momento.
Con tanta dulzura, su calmado tono me arrulla y empiezo a abrir los ojos
suavemente.
Cuando enfoco su rostro afable me sonríe dulcemente tendiéndome un pañuelo.
Sollozo suavemente, sobrecogida por la intensidad de ese momento. Por el esfuerzo
emocional por el que había pasado. Es casi un milagro.
Haber vivido en un instante dos vidas.
Un regalo de amor.
Me siento traspasada de sensaciones, tocada en lo más profundo y no puedo de
dejar de llorar .La memoria de mi alma se enriquece y es así desde estas
lágrimas que puedo limpiar mi corazón.
Cuando levanto mis ojos enrojecidos, la mirada franca y generosa de Francisco
se eterniza un instante en cada rincón de mi vulnerabilidad...Su mirada, en la que nunca me había detenido.
Su amorosa mirada ,sus ojos negros y su hermoso rostro moreno.
Cómo no lo había visto?
Para mi alma gemela...la que abrió las puertas de mi propio
paraíso...la de los ojos negros....( lunaroja )"
1
-No me puedo ir así...donde estás? Cómo estás?
Mi corazón quedó sin completarse, no culminó este amor. No culminó nada.
Ohhhh...Miriam...
Desde este momento en el que estoy, amor mío, te abrazo.
Vuelvo contigo, para besarte, para tomarte de las manos y abrazarte, para
mirarme en tus ojos y expresarte todo lo que mi muerte me quitó de darte.
Te amo...
Quiero que sepas que fuiste el amor de mi vida, que siempre estaré
contigo...que te llevo en mi corazón.
Siempre nos encontraremos, una y otra vez. No llores...abrázame...así,
así...muy fuerte...siento tu perfume...siento que te envuelvo con mi cuerpo.
No puedo irme...
Omar ...en alguna época pasada, Africa
2
Me desperté empapada en sudor con el corazón reventándome en el pecho.
Un cúmulo de sensaciones y emociones ocultas me golpeaban despiadadamente en
esa madrugada todavía envuelta en el ropaje de la noche.
Sentada en mi cama, ardiente y temblorosa me sentía traspasada por un
sentimiento de amor tan intenso como un rayo lacerante, que había llegado a mi
a través de...esa visión? Ese sueño? Ese recuerdo recuperado?
Me levanté despacio en cuanto los latidos de mi corazón se aplacaron y me
acerqué a la ventana, apoyando la frente en el cristal frío, mas frío aún por
el rocío de la noche.
Miré la calle vacía, las luces mortecinas, las ventanas cerradas, los contornos
desdibujados.
Era una imagen que siempre me tranquilizaba.
El silencio que transmite una calle desierta me da paz. Es así desde siempre,
desde que era una niña. Apoyaba mi frente en el cristal mirando hacia afuera
,hacia la oscuridad, buscando cualquier horizonte, adivinando perfiles en las
sombras...respirando profundamente.
La serena visión nocturna me fue devolviendo la calma, mi aliento empañaba el
vidrio y seguía sin saber con certeza que era aquello.
Una y otra vez esta imagen había empezado a despertarme por las madrugadas
mucho tiempo atrás.
Comenzaron siendo sensaciones indefinidas ,de estar en otro sitio, recuerdos de
unos ojos negros, mirándose con amor, y a medida que pasaba el tiempo se iban
dibujando con más precisión. Solo ocurría a través del sueño, en mi descanso,
en la profundidad de mi descanso, algo me llamaba.
Un frenazo repentino me devolvió a la mañana gris. Ya estaba amaneciendo y la
sensación se diluía con la noche.
Claramente sentía la obsesión por saber mas y más.
En los períodos de sueño me sentía hombre...era una sensación tan poderosa, que
me sobrecogía por la intensidad abrumadora que me desdoblaba en dos sexos.
Marina ,en el presente...Europa
(En la memoria del tiempo sin tiempos el recuerdo de Omar pugna por salir.
Y yo duermo con agitación de pájaro perdido, sintiendo que me llama con voz
lejana que me pierde en las brumas del miedo y la locura...Cuál es el
límite?...Respira...respira...)
3
-Demasiado sol que me deslumbra...
Casi no puedo ver el horizonte, está desdibujado por la luz polvorienta.
No sé si espero o veo alejarse.
Con mi mano a modo de visera y subido a una loma intento buscar algo.
Espero.
De noche acuclillado frente al fuego, al aire cálido sigo en actitud vigilante
y ya, decididamente temerosa...apoyo mi frente en la piedra helada de la cueva,
me ayuda a respirar mejor.
Hay algo que acecha a mi alrededor, siento miedo, siento una amenaza latente
que puedo oler en el aire, no sé por qué, ni de qué viene, no entiendo. Pero me
siento amenazado.
Soy un hombre de barba oscura, ropas humildes sin ser harapos, medianamente
joven.
Amo a una mujer profundamente, Miriam, solo veo sus ojos renegridos y
brillantes y su pelo oscuro.
La amo, y cuando pienso en ella me invade una ola de amor infinito.
Alguien acecha en las sombras.
Sé que voy a morir.
Omar, otros tiempos...Africa
4
Las náuseas incontenibles, el agudo dolor de garganta me acometen y abro los
ojos, como alucinada, lágrimas inmensas resbalan por mi cara.Estoy en mi
casa....
La cama es el fiel testigo de esa lucha, las sábanas amontonadas entre la
manta, se deslizan al fondo del colchón, la almohada apretada contra mi pecho.
Apenas apoyo los pies en el suelo, vuelvo a la realidad.
Mientras bebo agua directamente del grifo, la sensación del frío líquido me
calma la náusea, la garganta se me empieza a aflojar. Respiro hondamente,
mojándome la cara una y otra vez.
Al incorporarme, levanto pesadamente la cara y me miro en el espejo.
Apenas reconozco el demacrado rostro que me mira, estoy ojerosa, la boca me
tiembla y la mirada, desconocida...descolocada.
Apoyo la frente contra el cristal, y suelto el aire con suavidad, empañando el
espejo con un halo tibio.
Es la primera vez, que el sueño tiene la intensidad helada del miedo. Cada
sueño es una huella a seguir, cada chispa de inconsciente bulle en mi mente con
fuerza inusitada.Obligándome a no olvidar...a buscar.
Ese hombre tranquilo que me llama desde otro lugar me despierta sensaciones que
me llenan de ansiedad.
Es que me estaba volviendo loca?
Iba a enfermar?...estoy tan asustada.
No puedo dejar de pensar en todo el día.
Sin embargo y a pesar de todo lo increíble que puede parecerme, el miedo
visceral que me despierta con esa angustia, es algo importante que cobra
significado.
Señores de mi oscuridad, tenebrosos cancerberos del alma... Mis días se enlutan encerrados detrás de enormes alas negras .
Angustiosas serpientes que me consumen . He pasado la mitad de mi vida mirándolos con pavor ,impotente y desolada sin
poder caminar por los pasillos oscuros de mi mente. Demonios de mis rabias y terrores, de las locuras sin certezas. De mi sexo
abatido y renacido mil veces ,orgasmos inmersos en la hiel de la ira . Desoladores íncubos penetrándome sin tregua, ungiéndome de helada esperma para
parir nuevos terrores. Desde la inmensidad de la noche y en la cornisa áspera de los tejados, las
gárgolas de piedra despertarán de su letargo inmortal. ¡Que salgan a la luz los recovecos y escondrijos de lo turbio! El invierno se
alargó demasiado y todo ha quedado sepultado bajo el manto inerte del miedo. Y ya es tiempo de vivir. Abriré las ventanas de mi mente, dejaré que el sol incendie las largas sombras
y por fin los veré deshacerse como nubarrones dispersos en negras bocanadas.