Parte de tu cuerpo
tocó brevemente
las amapolas,
el desvelo apresurado
de las gotas
que caían dulcemente
sobre el pasado.
Cada silencio
encendió
la esperanza.
En la cordura
quedó intacta
la palabra,
y no existe
ni siquiera el temblor
que apague
la Fe.
Miro las flores,
porque entre ortigas
de cemento,
mis ojos buscan
un sol pequeño
para refugiarse.
Imagen recogida en Google; Gustav Klimt

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