Quizás se trate solo de eso.
Seguir las huellas que me indiquen hacia donde caminar ahora que parece que todo queda en suspenso.
Aquí intento guarecerme.
Es mi propio rincón,donde recibo a quienes quieran descansar un rato.
Bienvenidos a todos.
En esta historia mínima,
donde la luna
cae de mis brazos
y se detiene
en esta piel
doblegada de deseo,
camino de puntillas
por el espacio
infinito de tu sexo.
Y ahí te quedas
detrás del pliegue crudo
de la distancia,
en el agrio conjuro
que me muerde
reclamándote,
y en el mudo acertijo
que a tientas
te desnuda
en mi memoria.
De pié , sin mirar atrás y una losa en el alma preñada de
futuro.
Después el grito. Después las partidas ancestrales de dolor
y separación. Duelo negro contra el mar inevitable, inexpugnable, helado.
Encendida la noche en su ostracismo, obligada prisión ,isla acotada en el pecho.
Y en esta absurda genealogía de dolor, ya no existen
horizontes donde refugiarse.
Las fronteras de ese abismo parten el pecho en dos, como una
daga maléfica, que separa la tierra y la piel de los que no habitan. La piel
deshojada del que parte, del que no volverá a oler su raíz.
Y todo se entierra en el silencio. No hablemos de
distancias, no hablemos de confines…todo está dentro de un absurdo hueco, que
te engulle sin remedio. Y no puedes llorar porque tu llanto es otro idioma que
ni tus ojos reconocen como propio.
De cada árbol una rama muerta que brota en una tierra
inesperada. Como esos besos que se dan al aire sin destino y no hay brazos
abiertos para recibirlos.
El desdibujo inenarrable del dolor… eso es. Un caos de
miradas perdidas, que desconocen lo que recuerdan, que se olvidan de lo ignoto,
amnésicas historias que no se cuentan más que en secreto.
Ay de la tierra abandonada. De la tierra yerma y herida que
te abandona, del barco que te aleja y se va muriendo en el horizonte de lo que
queda atrás. Ay de los hijos de los hijos; del retrato negro colgado en la
memoria, de los huesos enterrados en otro idioma.
Destierros. Lo que más amabas se resigna a la sombra donde
la torpeza del dolor no alcanza.
Entonces nos volvemos ciegos a ese pulso que late, donde
todo se vuelve olor.
( A mis bisabuelos, abuelos y a mi padre.
A mi y a mis hijos
que logramos hacer luz de la partida)
Parirme tiene algo de rabioso, algo inusitado, que estalla
en el útero dolido. Como un pozo , como un grito oscuro.
Y es tan larga la
noche… dolor y negrura.
Oh madre, tengo tanto miedo.
Madre dolor, madre pariéndome. Transitando por la asfixia de
no nacer. Respirando el acre terror de no saber, de no poder, de soledad. Yo. Sola. Naciendo.
Sangre dolor y miedo. Madre que te vas, que no quieres.
Todo se hace grito madre, ayúdame a salir. Líquida oscuridad
en ese túnel que me atrapa como a un pájaro moribundo la mano asesina.
Madre, no grites que tengo miedo.
El llanto sagrado rompe el silencio. Tu boca implora y se
abre como un sudario que espera.
Sangre. Entresijos de la violenta noche pariéndome, pariéndonos.
Tu corazón está lejos, tus ojos ,ciegos. Tu fin o mi principio, desde el dolor
más carnal. Desde mi terror. Desde tu miedo.
Y mi asfixia de feto azul.
Todo se torna azul océano, azul sangre, azul muerte. Brama
la oscura noche su perfil más negro.
Siento la letal mano que me arranca de tu útero, me arrancan
a la vida. Y grito desde tu miedo. Es desde tu miedo negro y denso que te
pierdo.
Oh madre, y me dejas en el helado vivir de sombras, y mi
llanto no se oye. Soy yo la que se muere de amor y de frío sin tu abrazo. Soy
yo la que se asfixia de tanto amarte, la que no nace a la luz de tu mirada.
Es más el miedo y el terror de morir las dos sin habernos
amado.
Desgarrada pena, encerrada y azul de ahogo. No puedo
llamarte, y tú no estás. No puedo verte
desde la orfandad de mis ojos.
Amame madre desde tu sueño que tengo miedo y frío. Desde tu
dolor y tu angustia, tengo miedo madre. De ser lo que no somos, mi corazón
abandonado es como un cuervo de luto. Sin tu pecho. Sin tu cálido pecho. Sola
aquí en este espacio azul. Azul cristal. Azules tubos como pezones estériles.
Bésame madre, bésame en esta noche , que no tengo reposo. Que
estoy sola y sin calor. Mutilada. Sin tus amorosos brazos para cuidarme.
Pequeña y frágil. Húmeda de soledad y tristeza. Desvalida en
este desierto de aceros y bisturíes.
Donde estás? Desde tu sangre, duermes. Desde tu dolor. Desde
mi miedo.
Mírame madre con tus ojos azules. Sola tú, abandonada y
fría. Tu absoluto vientre, vacío.
Sola yo, abandonada y azul.
Libérame madre de mi cordón. Oh madre, con la feroz tijera.
Corta el lazo, en la doliente cruz . Donde está el amor? Donde tu pecho lechoso y
tibio? Donde mi aliento?
No encuentro tu mirada madre. De tus caderas mis dolores. Aquí
en el confín donde media mi vida, aún hay pájaros que lloran.
Donde habita la pequeña sin alas? Porque unas manos frías aún
me tocan el alma. Busco el aire.
Devuélveme mis alas, madre.
Sangre y miedo en
la noche.
A veces me despierto y mi corazón está mirándose al espejo, oscuro, rojo. Apoyado contra el marco, late sangre.
- Oh agitada paloma moribunda. No hay más espacio en mi pecho.
Este trozo de carne descarnada es una amapola transparente.
El viento azota mis cruces y abraza los huesos rotos de la vida. Estén donde estén, amontonados en una esquina o sembrados en la tierra.
Hambriento corazón. Cómeme. No dejes ni una migaja de alma.